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“En Argentina, dices que eres psicoanalista en un taxi y ni pagas”: ¿qué hay de España?

  • Foto del escritor: Adrián Masa
    Adrián Masa
  • 3 abr
  • 9 min de lectura

A un siglo de distancia de las obras de Sigmund Freud, la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) celebra en Lisboa su 54º Congreso. El psicoanálisis es una disciplina, imprescindible para el desarrollo de la psicología moderna, que ha cosechado casi tantos abanderados como detractores. Su presencia en los círculos académicos de nuestro país ha estado permanentemente rodeada de controversias. Mientras tanto, en países como Argentina, se ha asentado como una de las ramas terapéuticas más populares.



Buenos Aires, con el mayor número de psicoanalistas per cápita del mundo, es conocida como "la capital del psicoanálisis". En el país del Río de la Plata, analistas como Gabriel Rolón o Cynthia Wila han ocupado un nivel de exposición en los medios de comunicación y una presencia en el mercado editorial impensable en España. Las ideas de Sigmund Freud, Lacan o Jung han calado hondamente en la sociedad argentina, hasta el punto de formar parte de su propia cultura.


“En Argentina, dices que eres psicoanalista en un taxi y ni pagas”


Curiosamente, una de las figuras claves para la fundación, en 1942, de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) fue un español llamado Ángel Garma. El psicoanalista bilbaíno -formado en la Asociación Psicoanalítica Alemana y posterior vicepresidente de honor de la IPA, tras Anna Freud-, no pudo tener la influencia que habría deseado en nuestro país y, con el estallido de la Guerra Civil, se vio obligado a emigrar a Argentina. Una historia relativamente común a inicios del siglo XX que tiene una fuerte relación con el calado de la doctrina freudiana en el continente americano.


En este sentido, Ángeles Reviriego, psicoanalista con más de 35 años de experiencia, explica que, "en los países que recibieron la emigración de Centroeuropa en el siglo pasado, prosperó el psicoanálisis, debido a que muchos de los que emigraban, sobre todo judíos, formaban un grupo muy preparado y culto".


Argentina, Uruguay, Chile o Brasil manifestaban, en aquella época, una gran permeabilidad ante las ideas traídas desde "el viejo continente". El historiador argentino Mariano Ben Plotkin afirma, en el libro Estimado doctor Freud -publicado por edhasa-, que el psicoanálisis penetró más fácilmente en Sudamérica "porque no había una tradición psiquiátrica y psicológica establecida".


Según Mariano Ruperthuz Honorato, coautor del libro, "desde los años 1970 en adelante, el psicoanálisis se convirtió en parte de la vida cotidiana en Latinoamérica. Es un tema cultural". Para ilustrar la naturalidad con la que esta disciplina se manifiesta en el continente, Javier de Santiago, psicoanalista y profesor en la Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca (USAL), expresa, en clave humorística, que: "En Argentina, dices que eres psicoanalista en un taxi y ni pagas".


Carolina Barrios, analista argentina, señala que "un argentino, desde pequeño escucha que las cosas que le suceden tienen 'una causa', aunque no sepa cuál es". Están familiarizados con el vocabulario analítico porque, allí, "en los periódicos, los temas de psicología se escriben desde la teoría psicoanalítica" y, tanto como ahora existen Rolón y Wila, muchas generaciones se criaron escuchando y leyendo al analista lacaniano y crítico de arte, Óscar Masotta.


¿Ir a terapia o analizarse?


La normalidad con la que la sociedad argentina trata el psicoanálisis es total. Tanto así, que el analista Gabriel Rolón se dedica a tratar temáticas sobre salud mental, cada miércoles durante una hora, en Perros de la Calle, el programa radial más reproducido en streaming del país, según Data Rating.


Además, Rolón se ha convertido en un autor superventas -su libro El duelo, publicado por Planeta, se ha colocado como el 8ª más vendido del 2025, según BuscaLibre- y lleva años abarrotando los teatros de toda Argentina con su obra Palabra plena, dedicada a abordar el duelo, la angustia o el trauma y a buscar una palabra que diga alguna verdad sobre quiénes somos.


Pilar es una fotógrafa argentina de 28 años afincada en Madrid. Cuando finalizó sus estudios de Diseño de Imagen y Sonido en Buenos Aires, la vida le pidió un cambio. Así que, en 2021, con los últimos coletazos de la pandemia aún presentes y tras varias cancelaciones en su plan inicial de mudarse a Berlín, hizo las maletas y se despidió del Río de la Plata.


Pilar revela que, para su generación, "es bastante común tener un analista y, no es que estés toda tu vida analizado, pero sí vuelves cada tanto en ciertas etapas. Es normal". De hecho, en su grupo de amigos argentinos, de un total de doce, cinco estudiaron psicología. Uno de los principios del psicoanálisis es la importancia del lenguaje -lo que dices, lo que no dices, cómo lo dices- y este aspecto puede ayudar a la hora de analizar a estos dos pacientes: España y Argentina.


En este sentido, resulta francamente esclarecedor el hecho de que, en España, quienes atraviesan alguna dificultad relacionada con la salud mental afirman que "van a terapia" y, en contraste, en Argentina, se suele decir que uno "se analiza". No es casualidad, ya que, como explica la analista Ángeles Reviriego: "Cuando uno 'se analiza' (es reflexivo), tiene una posición activa y se hace cargo de su proceso de cambio". Sin embargo, "cuando uno 'va a terapia', otro va a hacerle terapia" y, por lo tanto, es el otro el que se hace cargo del proceso.


"Porque me vuelvo hacia el pasado, veo el futuro"


Quizás los aspectos que más alejan el psicoanálisis de la sociedad española sean aquellos dirigidos al pasado y la autoevaluación. "Porque me vuelvo hacia el pasado, veo el futuro", decía sin mucho éxito Søren Kierkegaard.


En nuestro país, la psicología suele centrarse en atender problemáticas agudas o urgentes y no tanto aspectos coyunturales de la personalidad. En la opinión de Javier de Santiago: "Vivimos en un mundo donde prima más la inmediatez. Es decir: ‘yo quiero una terapia breve, lo más rápido posible’. Aun así, hay pacientes que son más de psicoanálisis porque quieren profundizar".


Las terapias psicoanalíticas han sido duramente criticadas por el papel que el trauma y la infancia ocupan en ellas. Pero, para Pilar, "no necesariamente se trata de volver al pasado, pero sí relacionarlo con un problema actual". La idea que cada uno se hace de su vida es, para el psicoanálisis, profundamente narrativa y, por ende, la significación que cada uno dé a ciertos episodios influirá en su percepción de la misma. "Si yo he tenido conflictos que puedo revivir con mi terapeuta de una forma positiva, solo me queda el proceso: reinventar la historia", añade el profesor de la USAL.


Para él, el pasado no importa, sino la capacidad de analizar esas vivencias con el objetivo de ser más libre después. Liberarse de los mandatos, las expectativas familiares o los miedos impuestos son algunos de los objetivos del psicoanálisis. Unos principios poco compatibles con esa sociedad veloz e irreflexiva a la que aludía De Santiago porque, en palabras de la psicoanalista francesa Anne Dufourmantelle, "el olvido es la cosa mejor compartida del mundo". Teniendo todo esto en cuenta, quizás lo más relevante sea comprender por qué el psicoanálisis es tan rechazado en nuestro país.


Una disciplina controvertida, pero muy solicitada


Javier de Santiago eligió el psicoanálisis por descarte, ya que "no encontraba al Hombre en otros modelos". Para él, las ramas más cientificistas de la psicología "muy pocas veces versan sobre lo que realmente es el ser humano, es decir, sobre la esperanza, sobre la ilusión, sobre la felicidad". Aun así, reconoce que "todos los modelos terapéuticos son buenos" y lo verdaderamente relevante es el terapeuta.

De Santiago es muy consciente de que "el psicoanálisis nunca ha dejado indiferente y levanta pasiones. Ahora, también levanta odios viscerales". Pese a las críticas que el modelo recibe -sobre todo en el ámbito universitario-, las consultas de los psicoanalistas "siguen estando llenas".


A pesar de lo cuestionado que está el psicoanálisis en nuestro país, a Pilar no le costó mucho encontrar a una profesional, ya que se la había recomendado una amiga. Desde entonces, hace más de un año y medio, va a la consulta de una psicoanalista una vez por semana. Mientras su pareja y su hermana han optado por la psicología cognitivo-conductual, ella se mantiene en su decisión, pero ¿por qué se cuestiona tanto la fiabilidad del psicoanálisis?


¿Ciencia o pseudociencia?


En 2023, el periodista Carlos Orsi y la microbióloga Natalia Pasternak publicaron en Brasil un libro en el que tachaban al psicoanálisis de pseudociencia a la altura de la homeopatía, la astrología o la acupuntura. Pese a lo radical de esta afirmación, muchos teóricos, científicos y filósofos han llegado a coincidir en que la disciplina nacida de las ideas de Sigmund Freud no puede ser considerada una ciencia.


Jesús Zamora Bonilla, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la UNED, explica que "la psicología sí que es una disciplina científica" puesto que muchas de sus ramas se basan en la formulación de teorías "que pueden ser contrastadas empíricamente". Sin embargo, el psicoanálisis queda fuera de esta categoría.


En cambio, para Javier de Santiago, decir que el psicoanálisis es una pseudociencia "parte del desconocimiento total de lo que es la ciencia, porque hay ciencia empírica, ciencia blanda, ciencia dura y cantidad de ciencias". En ese sentido, argumenta que comparte lugar con disciplinas como la Filología o la Historia, a cuyas facultades uno no puede ir a "decir que ellos no utilizan el método científico".


Para el psicoanalista, "es imposible hacer una ciencia natural de la psicología. Ahora, que se diga que no es una ciencia porque no sea experimental es una aberración metodológica y es, desde luego, una falsedad desde todo punto de vista".


Por su parte, Zamora Bonilla señala la relevancia de la falsabilidad de Karl Popper. Para el catedrático de la UNED, "el problema que tiene el psicoanálisis es que sus teorías no son falsables". Es decir, no existe ningún postulado dentro de su formulación que pueda llevar a la conclusión de que es erróneo. Las afirmaciones científicas no pueden ser verdades absolutas o definitivas. Si, a pesar de lo que se observe, una hipótesis no puede ser falsa, no es científica.


Realmente, lo que descalifica al psicoanálisis en la carrera por considerarse una ciencia es su ambivalencia, su capacidad para sostener que dos comportamientos opuestos pueden estar motivados por una misma causa. De acuerdo con las ideas de Popper, si el psicoanálisis es irrefutable, no es científico.

El catedrático de la UNED aclara que “la Historia y la Filología sí que tienen áreas e investigaciones que están basadas en hechos objetivamente contrastables y que permiten confirmar o refutar hipótesis”.


Una no-ciencia con valor científico


Para ser objetivo, Jesús Zamora Bonilla, señala que, una cosa es que los postulados de Freud, Lacan, Jung y sus seguidores no sean científicos, y otra cosa es que "las propias ideas en las que se basa el psicoanálisis no puedan dar algún tipo de fruto científicamente respetable". Gracias a Sigmund Freud, se comenzó a investigar desde el plano científico la existencia de procesos inconscientes en el cerebro, aunque, a día de hoy, la definición dista mucho de la difusa y problemática aproximación freudiana.


Como explica Zamora Bonilla, el Inconsciente es, en realidad, "el conjunto de procesos mentales que ocurren en nuestro cerebro y que no nos damos cuenta de que ocurren". En la actual psicología cognitiva, se habla más de "memoria implícita" o de "procesos no-conscientes", para tratar de aproximarlo desde una perspectiva académica. Ahora, más que un sector de la mente -como argumentaba Freud-, se estudia la actividad mental que no está mediada por la toma de consciencia.


Pese a este cambio en la denominación, hay que recordar que, en palabras de Javier de Santiago, "el psicoanálisis actual no tiene nada que ver con el psicoanálisis freudiano". Lejos de las categorías estancas, para Pilar, la consulta es "un espacio para hablar, para relacionar conceptos".


Ella acude al análisis para significar e interpretar aquello que, de alguna manera, la condiciona: "Para mí, es como hacer visibles los procesos mentales y emocionales que se llevan a cabo sin que yo lo sepa. Es decir: no sé por qué, ante esta situación, me siento de esta manera o reacciono así y luego sí que tiene una especie de trasfondo o sentido".


En contraste con otras ramas como la cognitivo-conductual, "el psicoanálisis es la clínica del caso por caso", explica Carolina Barrios. Se trata de identificar las razones por las que una persona repite conductas dañinas y que son únicas de cada paciente. "Cada persona que tiene 'ansiedad' responde a su propia historia". A los estudiantes de psicología "les enseñan a preguntar con un manual, a todos lo mismo y se angustian porque tienen que tener respuestas para los pacientes, para el psicoanálisis las respuestas las tiene el paciente, aunque todavía no lo sepa".


¿Por qué en España no cala el psicoanálisis?


"Tal vez los argentinos quieren saber por qué y la sociedad española se pregunte menos las causas, las cosas son como son", se platea Barrios tras más de 25 años viviendo en Madrid. Si uno se pone a explorar, por ejemplo, cuáles son los temas que Gabriel Rolón ha planteado en el programa Perros de la Calle, se encuentra lo siguiente: "No es tan importante ser amado, sino cómo uno es amado", "te seguís peleando con tu ex porque no querés terminar con el vínculo" o "estás mal porque estás vivo".


Para Javier de Santiago, "muchas depresiones salen de la mentira con uno mismo. Prefieren mentirse y traicionarse que enfrentar determinadas verdades que les son dolorosas". Por lo general, los psicoanalistas observan una cierta reticencia por parte de la sociedad española a exponerse a ciertas preguntas o planteamientos que puedan afectar a su pasado o a sus decisiones.


"Acá en España, en cambio, es un poco como: ‘Bueno, ya está. No se habla’", sostiene Pilar. En su opinión, quizás en nuestro país haya menos personas dispuestas a revisar ciertos aspectos de sus vidas. "¿Quieres estar realmente con tu pareja o estás porque tenés miedo a separarte? Hay mucha gente que no quiere que le hagan ese tipo de preguntas y prefiere que venga una persona y diga: ‘Si tú sientes que puedes, puedes’. Y esa persona vende más libros que Rolón".


Puede ser por su conflictiva relación con la ciencia o su tendencia al pasado y el trauma. Puede ser que los eventos históricos y la oposición académica hayan impedido su difusión en nuestro país. O puede ser también, que el psicoanálisis traiga consigo una serie de preguntas incomodas incompatibles con ciertos aspectos de la cultura española. ¿Quién sabe? Quizás haya que darle una vuelta porque, como sentencia Pilar, "donde hay una mentira piadosa, hay también un síntoma de que algo se está tratando de evitar".

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